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Historia

Conozca la historia de los 50 años del Hospital RegionaL por el dr. aldo yunes

Recuerdos del Hospital Regional en sus primeros 50 años.

PRIMERA PARTE: La Sociedad Cooperadora, me ha puesto en la difícil pero a la vez honrosa tarea de rememorar los primeros tiempos de nuestro Hospital Regional, sin más meritos que el de haber sido un joven medico de guardia en el tiempo de su inauguración. Son recuerdos ya lejanos que trataré de recrear en apretada síntesis. Intentaré rememorar, el ambiente, la actividad, y la personalidad de los primeros profesionales que ejercieron en este hospital y lo honraron por su trayectoria, dedicación y talento, puestos al servicio de la salud de miles de santiagueños. No se puede hablar de las Bodas de Oro de una institución, sin destacar los desvelos de las personas que han sido y son su impulso vital. Durante el largo sendero transitado, quienes tuvimos la suerte de trabajar en El Regional, lo hicimos motivados siempre por cumplir nuestra misión de la mejor manera posible, con nobleza, eficiencia y esfuerzo, aunados por un solo y recóndito sentimiento: aliviar el dolor humano. Por eso quiero aprovechar esta oportunidad, para rendir un humilde homenaje a todos aquellos que en él trabajaron y que ya no están con nosotros. Hace 50 años, en la mañana del 9 de Julio de 1960, con palco y banda de música instalados frente a la entrada principal, se inauguraba este Hospital. El acto fue encabezado por el Ministro de Salud de la Nación Dr. Héctor Noblía, con la presencia del entonces Gobernador de la Provincia Don. Eduardo Miguel y de su Ministro de Salud Pública Dr. Guillermo Chazarreta. El que hoy les habla, presenció el evento como flamante Medico de Guardia. El reluciente edificio integraba un amplio plan de construcción de policlínicos ideado por el Dr. Ramón Carrillo, Ministro de Salud Pública de la Nación durante la presidencia del Gral. Juan Domingo Perón a quienes, en justicia, debe adjudicarse el mérito de su realización. Vino a reemplazar al antiguo Hospital Mixto que funcionaba en un inmueble totalmente obsoleto y de antigua construcción, cuyo personal en su totalidad pasó a cumplir funciones en este nuevo nosocomio. La estructura edilicia —de catorce mil metros cuadrados— se concluyó en 1955, un lustro antes de su inauguración. Impresionaba por su estilo y su funcionalidad. Contaba con ocho salas de internación de treinta camas cada una, divididas en habitaciones de tres camas, lo que constituía un gran progreso en contraste con las grandes salas de 20 y hasta 30 camas, reunidas en un solo ambiente de los viejos nosocomios. Contaba además, con un amplio pabellón de consultorios externos, un área de seis quirófanos, que incluía el servicio de esterilización, un área de Radiología, con dos aparatos de Rx, de 500 m.a. la única tecnología de diagnostico por imágenes que existía por entonces. El laboratorio disponía de elementos de última generación de la época. Todos los servicios auxiliares estaban bien equipados. El hospital comenzó a funcionar con aproxima-damente 30 médicos y 50 enfermeras, además del personal de administración, maestranza y servicios generales. En esos tiempos trabajar en la salud pública producía honda satisfacción espiritual, porque tanto los profesionales como el personal auxiliar, percibían una atmosfera de respeto y reconocimiento. El Primer Director del hospital, fue el Dr. Italo Palumbo, quien a su vez era Jefe de Servicio de Clínica Medica Hombres. El director tenía que ser indefectiblemente un jefe de servicio. El Dr. Palumbo era un clínico perspicaz y meticuloso, que estaba rodeado del cariño de sus pacientes y el respeto de sus colegas. Como director, mostraba un extremado celo por el buen funcionamiento del Hospital, interesándose en solucionar todos sus problemas. No solo cumplía sus funciones en horas matutinas sino que solía visitar el hospital en horas vespertinas, para observar sus necesidades y conversar con los médicos de guardia. De él recuerdo los sabios consejos que solía prodigarnos a los médicos jóvenes en cuanta oportunidad tenía. Nos señalaba que para el medico, la norma ética es un imperativo categórico y que la medicina mas que una profesión, es una misión ofrendada. La Guardia del Hospital, que visitaba el Dr. Palumbo, estaba integrada por, los Dres. Julio Cortez y Javier Meneghini ya veteranos y quien les habla, recién egresado de la Universidad de Córdoba y de la pasantía de tres años, en el Servicio de Cirugía dirigido por el Profesor Pablo Mirizzi, creador de la Colangiografía operatoria. Las guardias consistían en turnos de veinticuatro horas de actividad por cuarenta y ocho de descanso. Rememoro de aquel tiempo las largas y fatigosas jornadas en el consultorio, atendiendo patología aguda y tranquilizando a pacientes angustiados. Pero especialmente recuerdo, las tensas horas en el quirófano para solucionar los casos que requerían una intervención urgente, como las heridas abdominales de armas blancas, muy frecuentes en esa época, las peritonitis y las oclusiones intestinales, por citar algunas. El personal medico y de enfermería que ayudaba era convocado para la emergencia, dentro del personal estable. Todos estábamos de guardia. Rememoro las noches insomnes, recorriendo las salas y reconfortando a los enfermos delicados. No existía en esos tiempos Terapia Intensiva.

SEGUNDA PARTE: Los más importantes servicios en esa época, eran los de Clínica Medica y de Clínica Quirúrgica. En Clinica Medica, los pioneros fueron los Dres Luis Cortigiani, Livio del Vitto, Abelardo Basbus, Carlos Atterbury y Conrado Alcorta. El Dr. Cortigiani fue un medico muy activo. Jefe del Servicio de Clínica Médica Mujeres, desarrolló una labor valiosa en una época en el que el más poderoso instrumento del clínico era la observación cuidadosa y una elaborada deducción. Tenía como médicos de sala, a dos jóvenes meritorios por sus relevantes condiciones los Dres. Livio Del Vitto y Abelardo Basbús. Ambos ejercieron después y a su turno la Jefatura de dicho Servicio. El Dr. Del Vitto ha sido acaso, uno de los internistas más destacados que haya pasado por nuestro Hospital y por nuestro medio, dueño de vastos conocimientos y una inconmovible integridad moral. Dio lustre al servicio en el período que le tocó actuar. Señalaba que la clínica es una actividad muy compleja que debe comenzar con un buen interrogatorio. Insistía en que toda la ilustración que puede alcanzar un médico de nada sirve si no se acompaña de un noble ejercicio. El Dr. Del Vitto fue también a posteriori un exigente Director de este Hospital. Su sucesor fue el Dr. Abelardo Basbús, hombre de una gran simpatía que ofrecía a sus pacientes no solo su ciencia, sino también su bondad y optimismo. Se revelaba contra la tiranía de las enfermedades crónicas, que trataba aconsejando buenos hábitos de vida y un mínimo de medicación. Irónicamente decía que la medicina era una ciencia que todavía estaba en pañales. Si viviera en estos tiempos, quizás pensaría lo mismo. También el Dr. Carlos Atterbury, Jefe de la Sala de Enfermedades Infecciosas, tenía una personalidad cordial y un trato amable. Le interesaban la nosología infecciosa y las enfermedades del metabolismo y a ellas se dedicó con pasión. Le gustaba señalar, que la biología es muy versátil y que no hay enfermedades sino enfermos. Asimismo, fue un clínico experto el Dr. Conrado Alcorta, que cultivaba un fino sentido del humor con sus pacientes y sabía infundirles tranquilidad. Alcanzó en poco tiempo la jefatura de servicio. La Cirugía tuvo, desde el comienzo, un nivel ponderable en manos de especialistas muy hábiles. Señalaré a los pioneros: El Dr. Hernán Cortez, primer Jefe de la Sala de Cirugía Hombres. Fue un cirujano hábil y decidido, que se caracterizaba por la celeridad que le imprimía al acto quirúrgico. Su quehacer abarcaba –como era usual en ese entonces – un amplio espectro de la cirugía, desde un quiste hidatídico de pulmón hasta una osteosíntesis de fémur. Ejercía su cometido con tal pasión, que ni una grave dolencia cardiaca frenó su actividad. Falleció inesperadamente durante un acto quirúrgico. Murió como un soldado, en su trinchera. Lo reemplazó en la jefatura el Dr. Jorge Marcial Argañaraz, cirujano notable, de técnica depurada, que también se desempeñó con elevada solvencia en un amplio espacio de la cirugía. Operaba con la misma maestría tanto un bocio como un adenoma de próstata. Le sucedió el Dr. Elías Llugdar, de proverbial amabilidad, que dejo el quirófano para desempeñarse con eficacia como director de este hospital durante un largo período. Otro cirujano de indudable pericia fue el Dr. Edmundo Amadeo Lescano, que llegó a la jefatura de la Sala1, después de la jubilación de los Dres. Horacio Godoy y Luis Bertrand. Sus gestos quirúrgicos eran pausados y precisos. Nunca perdía la serenidad ni aún ante las más graves dificultades que pudieran surgir en el campo operatorio, las que siempre solía solucionar con técnica impecable. Quien les habla, lo reemplazó en la Jefatura del Servicio de Clínica Quirúrgica, Sala I, desde el año 1974, hasta el año 1992. En nuestro servicio de la Sala 1, se destacó por sus notables conocimientos y excelente trato, el Dr. Miguel Ángel Chamas, que desarrollo una actividad importante y estaba siempre dispuesto a ayudar y sugerir. También mostraron sus quilates los entonces jóvenes y promisorios cirujanos, Dres. José Antonio Rojo, Carlos Bruchman e Hilario Batan Carabajal. Integraban el servicio además las Dras. Delia Raab de Álvarez y Dora Cuesta, destacadas ginecólogas y el Dr. Víctor Yunes, que comenzó a realizar cirugía de alta complejidad ginecológica, efectuando junto con el Dr. Leandro Escobar, del Hospital Independencia, las primeras operaciones de Whertheim, por patologías que con anterioridad se derivaban a centros universitarios. En Urología, el Dr. Aníbal Palavecino, fue el primer jefe. Se jubiló al poco tiempo siendo reemplazado por el Dr. Humberto Carral Tolosa, un médico atento, cordial y campechano, que se retiró cuando fue electo diputado. Lo reemplazó el Dr. Juan Armando Abdo, profesional idóneo que se desempeño con solvencia. Existía también en los primeros tiempos, una pequeña Sala de Pediatría, cuyo jefe era el Dr. Luis Taboada, excelente médico que tres años después, junto con todo el personal pasó al naciente Hospital de Niños. Al instalarse la Maternidad, en el año 1964, se incrementó el número de camas y el movimiento de pacientes en el hospital. Fue su primer jefe el Dr. Abraham Abdulajad, acompañado de los Dres,. Juan Carlos Gutierrez, Alejandro Fiad y Martín Costas obstetras impecables y solícitos que sabían ganarse el afecto de las parturientas. La indispensable Sala de Neonatología, se instauró al año siguiente a cargo de la Dra. Miriam Sayago, que se desempeñó poco tiempo. La reemplazó el Dr. Mario Ailán, seguido luego por los Dres.Amado Afur y Elías Manzur, todos pediatras de gran nivel. Un paso decisivo hacia una mayor complejidad y una adecuación a la evolución de la medicina se da en el año 1974, al crearse tres servicios importantes: Terapia Intensiva, Neurocirugía y Cirugía de Urgencia. El Servicio de Terapia Intensiva tuvo como primer jefe al Dr. Oscar Torales, que se desempeñó con sobrada idoneidad y mucha dedicación. Fue un notable especialista que dio impulso a la nefrología en nuestro medio y junto con el Dr. Guido Peresin, organizó la primera sala de diálisis en el año 1978, que luego (año 2000) se transformó en el actual Departamento de Nefrología con consultorios externos y 8 puestos de diálisis.

TERCERA Y ÚLTIMA PARTE: En el Servicio de Neurocirugía asumió la jefatura el Dr. Ernesto A. Álvarez, precursor de la neurocirugía en nuestro medio, especializado en el extranjero, que pronto adquirió gran prestigio por su maestría como neurocirujano. También, cabe mencionar por su valiosa trayectoria a los Dres. Luis Milet y Juan Carlos Llarul. Por ultimo, el Servicio de Cirugía de Urgencia comenzó con la idónea conducción del Dr. Guillermo Chazarreta, seguido por el Dr. Juan Elias y luego por los Dres. Antonio Chaud y José Antonio Rojo, eximios y talentosos cirujanos que ingresaron por concurso. En el año 1987, se sumaron dos nuevas especialidades. El Servicio de Traumatología, bajo la dirección del Dr. Carlos Scaglione, traumatólogo destacado y además valeroso vocero gremial y el Servicio de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora con la dirección del Dr. Enrique Alcaide, un especialista consumado que ha prestigiado a la cirugía plástica, y a cuya iniciativa se debe su creación. Este servicio, ha sido distinguido por el Consejo Medico, como centro formador de especialistas. Aun a riesgo de fatigar, quiero rescatar también a los pioneros que se desempeñaron con esmero en los servicios auxiliares. Ellos son: en Cardiología, el Dr.Santiago Areal, en Hemoterapia el Dr. Vicente Giangreco, en Radiología el Dr. Roberto Álvarez y luego el Dr. Alberto Llapur, secundado por dos técnicos invalorables, Antonio David y Crisanto Ozan. En el Laboratorio el Dr. Eric Danemberg y posteriormente el Dr. José Absalon Hernández. En Anatomía Patológica y Citología el Dr. Ernesto Montenegro que luego pasó a dirigir el Servicio de Oncología creado por su empeño e inspiración. En Dermatología se desempeñaba el Dr. Alberto Ayud, en Otorrinolaringología los Dres. Benjamin Martínez, Andrés Pereda y Julio Molina. La Odontología estaba a cargo de los Dres. Colomer, Gramajo y Alcaráz, y como Oftalmólogo ejercía el Dr. Alberto Abdala. En el quirófano, los primeros anestesistas fueron los Dres. Sandalio Corvalán y Emilio Jozami, que se multiplicaban para atender todos los requerimientos desarrollando una actividad de excelencia, asistidos por técnicos muy competentes, entre los que es necesario recordar por su esmerado desempeño, a Vero Suárez y Santos Pastor Gordillo. También en el quirófano, rememoro el nombre de su primera jefa, la Sra. Teresa Vega de Coronel, que se destacó por su dedicación y eficiencia, de Andrés Rojas, como diestro y atento ayudante, así como de las primeras instrumentadoras, Erlinda de Suárez y Hada de Luna. Un capitulo aparte, pero importante de nuestra historia lo escribieron también, las Hermanas de Caridad, cuya tarea constituyó un bálsamo reconfortante y una ayuda espiritual invalorable para nuestros pacientes. Lamentablemente tuvieron que abandonar el Hospital a comienzos del año 1987. Es asimismo necesario destacar la fructífera labor de auténtica solidaridad social, de la Sociedad Cooperadora, donde sobresalió en los primeros tiempos el empeño loable de la Sra. Elvira Carral Tolosa de Rodríguez, y los Sres. Antonio Fernando Saín Medina y Néstor Ambrosio Luna. No debemos olvidar tampoco, que este Hospital recibió a insignes figuras de la medicina argentina, que dejaron sus lecciones en brillantes reuniones científicas, entre las que podemos citar a los profesores Abel Canónico, Juan Vadra, Juan Carlos Centarti, Luis Gramática, Roberto Garriz (discípulo de Ricardo Finochieto) y también, al Dr. René Favoloro, gloria de la medicina argentina, que murió maltratado por la burocracia. Este hospital, relevante desde su creación, cumple sus primeros 50 años convertido en el nosocomio más importante de la provincia. En él converge el sufrimiento humano, en busca de solución o alivio. En él se restituye la salud a miles de personas por año. Todos los médicos que lo han servido e impulsado con esfuerzo y dignidad, durante este medio siglo, merecen nuestro reconocimiento, porque han sabido siempre, pese a todas las dificultades, hacer honor a su elevada misión. Señores: Si alguien al escuchar el nombre de tantos meritorios profesionales ha sentido nostalgia, reconocimiento o gratitud la rememoración no habrá sido en vano. Junto a la historia de este hospital, hemos vivido también una parte importante de la historia de la medicina contemporánea de la que hemos visto su vertiginoso avance, su tecnificación y su alto grado de desarrollo, a tal punto que no se acepta que sea falible, como si se hubiese convertido en una ciencia exacta. Sin embargo, la medicina, sigue siendo un arte que recrea la terapéutica en cada paciente. Todo médico sabe que en su tarea tiene que superar riesgos en medio de incontables imponderables. A pesar de ello su arte lo obliga a luchar por la vida hasta el último instante. Por último, hago votos para que las nuevas generaciones continúen con la mística de este hospital:brindar una medicina humanitaria, solidaria y eficiente en procura de un futuro mejor.

Por el Doctor José Aldo Yunes – 2010

Currículum

1. Egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba en el año 1955 entre los diez mejores promedios.

2. Seleccionado como médico becario para ingresar en la cátedra del célebre profesor Dr. Pablo Luis Mirizzi.

3. Jefe del Servicio de Clínica Quirúrgica Sala Uno del Hospital Regional R. Carrillo desde 1974 a 1992.

4. Fundador de la Clínica Yunes en el año 1968.

5. Presidente de la Federación de Clínicas y Sanatorios Privados (FECLISE) desde el año 1974 a 1979.

6. Presidente del Tribunal de Ética del Colegio de Médicos desde el año 1979 a 1983.

7. Presidente del Tribunal de Ética del Consejo Médico desde el año 1983 a 1989.

8. Socio Honorario de la Sociedad de Cirugía de Santiago del Estero desde el año 1997.

9. Socio Honorario del Colegio de Médicos de Santiago del Estero desde el año 2002.

10. Premio a la Trayectoria Médica otorgado por el Consejo Médico (Año 2003)

11. Distinción al Servicio Médico Destacado otorgado por el Colegio de Médicos (Año 2004)

12. Distinción a la Trayectoria Médica por servicio a la comunidad otorgado por el Colegio de Médicos (Año 2005)

13. Distinción otorgada por el Hospital Regional R. Carrillo en reconocimiento a su permanente trabajo y dedicación al Hospital (Año 2010).

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